Había oscurecido y empezábamos a tener hambre, así que salimos decididos a encontrar el susodicho restaurante. El caso es que apenas habíamos dado la vuelta a la esquina, cuando, por increíble que pueda parecer, ahí estaba. Era justo el tipo de restaurante en el que había estado pensando todo el día... Yo ya había decidido que era perfecto antes de leer con detenimiento la carta que tenían en la puerta, así que entramos. Muy amablemente nos acomodaron en una mesa.
De primera impresión, el ambiente era tranquilo, decoraban las paredes fotografías en blanco y negro de la ciudad y personajes míticos del mundo de la música y el cine, velas rojas semiderretidas sobre las mesas, y, ¡oh! música vocal, la mejor que he oído nunca. Casi parecía que en cualquier momento iba a aparecer Dean Martin al fondo del local.
Todo era muy... Italiano. Y, aunque me encanta la espontaneidad italiana, lamento decir que el servicio dejó bastante que desear: En el mostrador de la entrada había una señora que se dedicaba exclusivamente a recoger la cuenta de las mesas y a dar órdenes al resto de los empleados, tres chicas que hacían las veces de camareras, cocineras y someliers (con su consecuente agobio). En mitad de la cena, unos hombres atravesaron el restaurante cargando unos enormes sacos de harina; y, cuando estábamos a punto de irnos llegó el otro (suponemos) "jefecillo", que cambió el estilo musical dando paso a un reggaeton tan ratonero que casi se nos corta la digestión.
Sin embargo, el trato fue correcto, aunque nos sirvieron con demasiado tiempo de espera entre un plato y otro. La pasta, casera, estaba exquisita, y el postre (tiramisú) una auténtica delicia para el paladar. El precio, razonable, ni demasiado barato ni excesivamente caro teniendo en cuenta la zona donde se encontraba el local.
Fue allí, en un peculiar restaurante de la Ciudad Eterna, donde nació la idea de escribir nuestras impresiones sobre los sitios a los que viajamos. Fue allí donde, a pesar de todos los contratiempos, disfruté de una de las mejores cenas de mi vida.
El restaurante That´s Amore se encuentra en la Via Agostino Depretis, nº 83, cerquita de la basílica de Santa María Mayor
Para más información: http://www.thats-amore.it/
No hay comentarios:
Publicar un comentario